20090923

masculino/femenino




H entró a un bar desolado con la intención de fumar un último cigarro. Supuso que la desolación se debía a la hora. Es muy temprano, se dijo. Pero la noche comenzó a transcurrir y nadie entraba al bar. H sintió que se enfrentaba a su propia mudez y él mismo se sintió desolado, asumió para sí la ausencia de gente. Tarde en la noche una mujer entró al bar y se sentó junto a H. Por fin llega alguien, pensó. La mujer no habló y H la bautizó M. H hablaba sin parar y M no decía palabra. M terminó de fumar el cigarro de H y H se dejaba apagar. En ese momento sucedió el robo. La ausencia, el asalto, la desaparición. H dio un salto a la mañana siguiente. Un instante noche y, al siguiente, día. El bar estaba atestado de gente y H, en su mesa, solo, pensaba en las horas que había perdido, en el tiempo que le habían robado. En el tiempo que M le había succionado. H se levantó de su mesa y caminó hacia la salida. Se atravesó en su camino un espejo. Se vio. Hizo un gesto, una mueca de abandono, como el que haría cualquier persona cuando le informan que el mundo se ha acabado. Esa mueca que colinda con el fastidio de haberse perdido el fin del mundo. H se aburrió en ese gesto. Y en ese gesto, tan pequeño, vio a M en su rostro y su cuerpo y sus ojos. Vio su femenino rodeando lo masculino. Vio el cigarro en su boca. Se vio a sí mismo hablando con H en la mesa de un bar desolado. Se vio mujer en su cuerpo. Se vio robándole el tiempo a un hombre. Y vio, en un instante, el tiempo robado.


Oyó una voz suave, imperceptible. Una voz que susurraba, escondida como ruido de fondo entre las palabras nítidas de su propia voz. H ha visto en un gesto un silencio que murmura, mundos entremezclados y voces que no parecen suyas. El olvido, le dijo M, no es otra cosa que el otro lado de las palabras que logras recordar, las que hacen memoria. La voz masculina de H siempre está presente y le dice qué hacer; la voz femenina es todo lo demás, lo que está más allá, lo imperceptible, el ruido de fondo, la frontera. M lo contenía. Eros es el cuerpo que se trasforma.
“Agárrate de los cabellos de Eros antes de que se vaya”, se oyó un grito.
Estremecedor cuerpo deseante de sí mismo. (alrededor de Eros hay tetas que sonríen, anotó H en su cuaderno).
Placer, se dijo. Abandonarse. Ilustres órganos femeninos se levantaron en el podio y por primera vez pronunciaron un discurso. Aplausos.
Es un asunto de cartografía, le dijo otro, si en un mapa de la Tierra borramos un país, la frontera de ese país quedará dibujada en las fronteras de los países circundantes. Es la forma del vacío. Es tu femenino. ¿Entiendes?
Entiendo, dijo H. O quizás sólo lo pensó porque su voz se había borrado.


Volvió al espejo, a su imagen y semejanza. De nuevo la gente, de nuevo el día.
H se fue del bar siendo otra vez él mismo. Ése es el problema, se dijo, aquello de sí que se repite una y otra vez hasta convertirse en identidad/autoridad/unidad. H entró a un bar sintiéndose unificado, homogéneo, liso en su superficie. Fumó un cigarro consigo mismo, con su femenino, con un ruido. Fumó hasta apagarse. Se trasformó en deseo y fue ella. Salió del bar después de haber perdido varias horas de su conciencia. Salió transformado. H camina rasgado, viendo a M en cada reflejo, oyendo su voz. Ahora H escucha voces constantemente. No voces que le hablan, sino voces que no dejan de hablarse. Voces que se dejan escuchar.


H se deja perder en territorios desconocidos.La otra noche entró a otro bar y quedó petrificado cuando finalmente, en un desgarro, un close up al rostro; y por un rato no…
Imagen: Gustave Moreau. La toilette.

20090903

Allen, deconstruyendo a




Manhattan. Es una de las cinco diferentes zonas o barrios que constituyen la ciudad de Nueva York. Manhattan es una isla que tiene alrededor de 60 Km2. Manhattan realmente es un conglomerado de islas, entre ellas la propia isla de Manhattan, Roosevelt Island, Liberty Island, parte de Ellis Island, entre otras cuyos nombres no hacen la información más relevante. A pesar de que Manhattan es sólo una parte de la ciudad de Nueva York, constituye la firma indiscutible de la ciudad. No sólo es la zona comercial y financiera por excelencia (NYSE y NASDAQ) y donde se generan la mayor cantidad de ingresos, sino que es un centro político importante (allí se encuentra la sede de las Naciones Unidas). Además, el perfil de Nueva York proviene del contorno, recortado en el horizonte, de los rascacielos de Manhattan. Y también de sus puentes, particularmente el Queensboro Bridge. Manhattan ha atravesado dos momentos sin precedentes: uno de ellos, dramático, la caída del World Trade Center; el otro, más bien bizarro, fue la desaparición de una anciana en un acto de magia y su posterior aparición en el cielo, sobre todo Nueva York, de su rostro. Al parecer estuvo siguiendo por un tiempo el devenir amoroso de su hijo Sheldon. Manhattan se ve bien a colores pero en blanco y negro es una aparición de nuestros más increíbles sueños.

Existencialismo. Puede ser considerado una corriente filosófica o un sistema de ideas o una construcción discursiva, en todo caso, y de manera simplificada, puede ser una postura de vida o una impostura que pretende relativizar el pretendido universalismo de las nociones esencialistas en función de la preeminencia de la existencia. Vale decir, lo que constituye al ser humano son las condiciones materiales de su existencia, las afecciones del cuerpo, las vicisitudes de la vida y no supuestas pre-condiciones esenciales. Por tal razón, el existencialismo considera que la vida no tiene un sentido inherente; la existencia misma y la conciencia de sí son los elementos que proporcionan sentido. El sentido es, por lo tanto, construido por los sujetos. El existencialismo se relaciona con la idea misma de lucha vital, atravesar a contracorriente una serie de condicionantes sociales, culturales, corporales, familiares, etc. para hacerse uno mismo como sujeto independiente o en todo caso conciente de las condicionantes existenciales. Hay preguntas que surgen de encrucijadas morales que ponen en evidencia dilemas que podrían catalogarse de existenciales: ¿reconstruir un hombre a partir de su nariz es o no es existencial? ¿asesinar o no a la amante porque quiere poner al descubierto su romance con un hombre casado que, a su vez, no quiere terminar con su matrimonio, es un asunto existencial?

Jazz. Es un género musical norteamericano que deriva de la música negra de finales del XIX: Gospel, Blues, Folk, Ragtime. Se caracteriza por las improvisaciones y el ritmo sincopado. En el jazz la calidad del intérprete, así como su capacidad para abandonarse en el ritmo, son determinantes para el sello definitivo de una pieza. En el jazz una pieza casi nunca es interpretada dos veces de la misma manera, se suelen seguir unos ciertos standards a partir de los cuales se construye la improvisación. Está demostrado que el jazz es el acompañante perfecto para romances, infidelidades, asesinatos, robos frustrados, persecuciones, tensiones edípicas no resueltas y viajes en el tiempo.

Psicoanálisis. Particular modo de construir la psiquis humana a partir de compartimentos que se van formando en diferentes etapas de la infancia y que contienen, dichos compartimentos, monstruos, fantasmas, personajes irreverentes, inconsecuentes y amorales que terminan siendo espejos de la misma persona y que, a medida que van pasando los años, se van constriñendo en el olvido. La terapia psicoanalítica consiste en la transposición lingüística de esa oscuridad, que es olvido, en un discurso que se alimenta de las tragedias griegas y que ayuda a creer que se ha iluminado la penumbra. La terapia del psicoanálisis no es más que un des-olvido. Al parecer, lo que vive en nuestra psiquis es un mundo paralelo, suerte de cuarta o quinta o sexta dimensión que está conformada por la cultura griega antigua. Y por el esoterismo. Y por el romanticismo tardío. Hay registros de curaciones a través del psicoanálisis. Pero también hay registros de terapias que duran décadas sin resolver nada.

Comedia/Tragedia. Los dos polos de la dramaturgia occidental. El teatro griego estaba conformado por las representaciones de las relaciones humanas en el contexto de aquello que se enmascara tras la comedia o la tragedia. Las máscaras ocultan el rostro del actor, pero permite reflejar con más agudeza y libertad las pasiones humanas. Así como en el psicoanálisis, la vida presente y consciente es sólo una dimensión de la existencia. La otra dimensión es un teatro griego que de alguna manera se conecta e impulsa nuestro mundo conocido. Esa dimensión paralela es un escenario, allí hay un coro que canta nuestras miserias y nos hace reír con ellas.

Windsor EF Light condensed. Tipografía creada a principio del siglo XX. Es una inscripción, una marca, un bajorrelieve hecho en cera. Y, como todas las inscripciones, es la fuente de todo sentido.

Judaísmo. Religión antigua de un pueblo eternamente desterrado que desciende del mismísimo Abraham. Religión que une con fuertes lazos culturales a un pueblo que, a pesar de las vicisitudes históricas, no carece hoy de popularidad, especialmente entre los magnates de Hollywood. Sin embargo, a pesar de los lugares comunes, la presencia judía no se limita a los estratos económicos poderosos. Los judíos, como cualquier otra religión, permean diferentes estratos sociales y se caracterizan por ser un poco más tradicionales que los cristianos (que tienden a relajar un poco sus lazos con el mandato religioso) en cuanto al seguimiento de sus rituales. Los judíos, al parecer, tienen una gran capacidad para manejar la culpa, especialmente las madres hacia sus hijos. Los judíos aún están esperando al verdadero mesías.

Sexo. Origen y destrucción de todo cuanto nos rodea. Se relaciona con todas las categorías antes mencionadas. A la vez potencia, anula, transmuta, transparenta, opaca, destruye, silencia y escandaliza todo aquello que tiene que ver con lo humano. Es el motivo principal de las consultas psicoanalíticas, la fuente y solución de las culpas y afecciones del cuerpo; origen de conflictos religiosos y núcleo vital de la comedia y la tragedia. Todas las construcciones discursivas, filosóficas, culturales, históricas, existenciales y religiosas desaparecen por una noche de sexo. El sexo se usa para expresar todas las emociones, quizás con la única excepción del amor. Nuestro destino y nuestra voluntad para construirnos como sujetos independientes se tambalean ante la mínima posibilidad de hacer realidad nuestras fantasías adolescentes. Es la verdadera condición humana. Es el verdadero centro del universo. Y, por supuesto, toda su periferia.

20090827

Construcción en abismo




El principio del abismo es que uno, sin verse al espejo, puede ver sus propios ojos. Y que en esos ojos hay un reflejo de nuestros ojos que se miran a sí mismos.


Un cineasta, de nombre Federico Fellini, atraviesa una crisis creativa. La resuelve filmando una película sobre su propia crisis creativa y termina haciendo una película sobre un cineasta que atraviesa una crisis creativa y la resuelve haciendo una película sobre su propia crisis creativa.


Ocho y medio partes de sí mismo. El abismo.


Lo más interesante en 8 ½ es que no hay película. No existe película en 8 ½, sólo la construcción en abismo de Fellini sobre sí mismo.


Pero hay algo más interesante en 8 ½: es un espejo en el que se refleja cualquiera que alguna vez se ha pensado como un espejo que no hace más que reflejar a otros. Cuando no hay realmente sujeto, hay una construcción en abismo de unos ojos que no dejan de verse. Entonces, lo único real del mundo son las miradas.


Esas miradas poseen círculos concéntricos de verdad.
El círculo de verdad más amplio es el que hemos construido alrededor del mundo desconocido y que, finalmente, es una postura y es un abismo. Pero estamos allí.


El segundo círculo o segunda máscara (la que usamos ante los conocidos [aquellos que están entre los desconocidos {pero que nos ven}] y los íntimos [que también nos ven {¡y vaya que nos ven!}]) es una verdad con respecto al primer círculo… y a la vez convierte en una mentira al primer círculo. Y es un abismo porque nosotros estamos allí.


Pero ese segundo círculo de aparente verdad que sólo ven los conocidos, termina siendo una mentira al lado de las verdades que contamos a nuestros amigos más cercanos (los íntimos). Y volvemos a creer que somos parte de esa verdad porque estamos allí, pero sólo estamos en un abismo.


Pero aún así, ese círculo íntimo recibe de nosotros una falsedad al lado de la realidad que sólo tú conoces y que no puedes contar a nadie más que a ti mismo. Pero que termina siendo una verdad silenciosa porque no soportas que tu voz sea capaz de semejantes afirmaciones (muerte, venganza, olvido, abandono, cinismo). Y esa voz es un reflejo de ti mismo en abismo, pero más que nunca estamos allí.


Pero finalmente esa verdad palidece como verdad ante lo que eres capaz de hacer y no puedes aceptar, aquello que ni tú mismo puedes creer ni enunciarte. Y finalmente te engañas a ti mismo porque te has creído toda tu representación y no aceptas que tu realidad sea una construcción en abismo.


La repetición de un episodio de sí mismo es un abismo.
Volver al punto que creímos haber dejado atrás es un abismo.
Esa depresión que viene de la nada es un abismo.
La colina que sueles subir en la misma fecha sin saber por qué es un abismo.
El silencio con el que crees olvidar la muerte es un abismo.
El camino que recorres sin preguntarte las razones es un abismo.
Empezar de nuevo cuando ya no estás presente es un abismo.


El final de 8 ½, cuando crees que Guido se ha salvado de sí mismo pero terminas descubriendo que Fellini ha condenado a todo aquel que ha visto a Guido salvarse de sí mismo es un abismo.


Escucharte hablando solo es un abismo.


Escuchar tu voz cuando lees es un abismo.

20090810

Entre una distorsión y otra





La primera distorsión es la parte escrita:

El Dr. Frankenstein no construyó un monstruo, construyó un hombre. Ese hombre estaba hecho de diferentes partes de cuerpos de otros hombres. Ese hombre no tuvo su Génesis, no nació, no fue concebido, no surgió como un ser completo e identificado consigo mismo como un cuerpo. Fue construido, armado y encendido con un chispazo de electricidad. El alma, la creación como génesis y el espíritu no tuvieron nada que ver con ese hombre, sólo materia corporal y electrones. Ese hombre abrió los ojos y fue después que quiso introducir dentro de sí un alma que no tenía. Ese hombre se convirtió en monstruo cuando quiso identidad. ¿Y si cada parte de su cuerpo hubiese querido contar su propia historia? ¿Qué voz/voces hubiese tenido ese hombre? ¿Y si los gruñidos de ese hombre devenido monstruo es lo que podemos escuchar de ese montaje de voces que, sintonizadas, constituyen su voz?
En toda escritura no hay siempre Literatura, hay también registro, transposición, metonimia de un cuerpo. Un origen que se transmuta en destino, un collage que cobra vida y se olvida de sí mismo para crearse a sí mismo.


La segunda distorsión es la parte hablada:

Y tengo la sensación de que algo ha sucedido en la pantalla de proyección de nuestra identidad. Que detrás de esa pantalla hay otra pantalla y detrás de esa pantalla otra pantalla y detrás de esas pantallas una grabación con mi voz.


Detrás de mi voz hay un gruñido de voces perdidas y detrás de esas voces los fotogramas descoloridos de una carretera en medio del desierto.


Esa carretera es mi camino y es mi destino. Pero en mi camino hay un cruce de caminos y después del cruce de caminos hay otro cruce de caminos y yo me quiero devolver pero sólo hay cruces y no hay camino.


Detrás de mí hay un destino y detrás de ese destino hay otro destino.

20090714

Euclides ciego






Yo, como siempre, hacía el camino de vuelta. No importa de dónde, las cosas interesantes siempre me pasan de regreso.


El tipo también regresaba, y como caminaba más rápido que yo, inevitablemente me alcanzó. Supuse que veníamos del mismo punto porque caminaba en la exacta dirección que llevaban mis pasos. Teníamos las mismas coordenadas, tanto de origen como de destino, por lo tanto, teníamos el mismo sentido, pero no la misma velocidad de desplazamiento. Producto de esta anomalía que rompía con el balance isométrico de un espacio perfecto, el tipo me alcanzó y chocó con mi espalda.


El hombre estaba ciego, pero no era una ceguera congénita sino temporal, histérica, según me había dicho. Había caminado sin parar hasta el punto de quedarse ciego. Y el hombre me aclaró: cuando hablo de caminar hasta el punto de quedarme ciego no hablo de una situación sino de un lugar, efectivamente ese punto existe. Aunque, desgraciadamente para él, tal punto representara tanto el lugar como la situación, porque en su caso realmente se había quedado ciego. Así que este encuentro, definitivamente, no era nada hipotético. Y yo sospechaba que no tenía nada que ver con el punto ciego.


Yo, en cambio, podía ver. O eso creía yo.


De ahí en adelante sus manos parecían exprimir un sinfín de contornos imaginados que perdieron, por la presión de sus dedos, su forma original, convirtiendo todo lo que le rodeaba en un sello de sí mismo. Supe entonces, o quizás sólo supuse, lo que era vivir con el rostro cubierto, es decir, ciego. Aunque era una ceguera de otro tipo, una que no tenía que ver con los ojos, al menos así me explicó el hombre.


Todo a tu alrededor es negro, me dijo, negro absoluto. Crees que así será siempre y te obligas a acostumbrarte. Sin embargo, con el tiempo el negro empieza a perder toda certeza. Algunas imágenes empiezan a aparecer frente a tus ojos. Estás ciego, por lo que sospechas que esas imágenes provienen de tu cabeza. Toda imagen proviene de tu cabeza, me aclaró adelantándose quizás a un gesto mío que delataba la inminencia de una acotación, pero en este caso, continuó, es innecesario el estímulo “externo”, vale decir, la luz. La imagen en este caso proviene y se forma de la oscuridad, del negro. No del blanco de lo externo, sino del negro de lo interno. Porque lo interno siempre es negro, dentro de la cabeza lo que hay es negro total. Dentro del cráneo no hay luz, sentenció. Me pareció una perspectiva muy fisiológica, y hasta cierto punto obvia. No le di mucho crédito a sus palabras, pero no puedo negar que me impactó su manera de hablar.

Entonces, prosiguió, el negro absoluto se va desvaneciendo o decantando hasta producir formas y figuras que efectivamente se materializan frente a ti. Si no tienes nada, absolutamente nada frente a ti, ni detrás de ti, ni en ningún punto del espacio euclidiano que teóricamente te rodea, entonces todo referente es puramente tuyo. Armado, levantado, coloreado, real/izado. Claro, me dijo finalmente el hombre, esto ocurre más fácil cuando la ceguera es real, porque cuando no es así, las figuras que se levantan y real/izan son igualmente producto de tu cabeza… pero no de tu voluntad. En fin, la ceguera, como teorizó Saramago, se contagia. No siempre te quita la visión, pero siempre hace falso lo que creías real. Y extendió una sonrisa que llenó toda su cara, una sonrisa que le transformó en un hombre afable pero que tuvo el efecto de restarle solemnidad a sus palabras.


Tuve que hacerme a un lado, el hombre siguió en la misma dirección que yo llevaba, sólo que ya no era yo quien trazaba el camino, sino él. Maldije mi lentitud, no quería estar detrás de nadie, sigo siendo un prepotente. Me di media vuelta y regrese a mi origen, al punto inicial, a la coordenada (0,0,0).


Si es que tal cosa existe.

20090622

Elipsis



El desgarramiento mudo de una luz que se ve por primera vez. Fade In. Interior y a la vez Exterior. Día. Uno.


Proyéctame esta película que está hecha sólo de créditos. Fade Out. Exterior y a la vez externo. Día (y medio). Y noche. Dos.


Enséñame a hablar como una transmisión en vivo.


No hagas las transiciones con disolvencias,


haz un corte directo a la mejor parte,


al final que nadie entiende.


Vivimos vidas más largas y sin embargo estamos siempre tan cerca del final, conjugando los verbos en pasado. No vivimos una vida, vivimos una elipsis. Leyendo libretos y partituras interpretadas, buscando marcas en relieve, rodando sonidos grabados, proyectando imágenes en formatos que ya no existen.


Siempre nos hace falta lo ya dicho para tener el placer de borrarlo. Cuando se vive en un país que no aprende a callarse, aprendemos a editar el sonido para escuchar un discurso agujereado. Perdemos el lip-sync, pero eso nos hace gracia porque todo se vuelve irreal. Y todo lo irreal es siempre una posesión.


Enséñame a hablar con tu voz transmitida en vivo.


Una calle solitaria. Día (con la noche encima). Exterior (nadie)/Interior (atestado). Tres.


Cuando pierda la conciencia me construiré una sesión de psicoterapia con escenas de Fellini; y cuando muera dejaré escrita una elegía con palabras al azar del canto más incomprensible de Altazor.


Porque no tengo tiempo para el sentido, necesito la instantaneidad del = de una ecuación matemática que iguala cosas que no existen.


Haz un corte directo a la mejor parte.


La que nadie entiende.


El final.


Interior de una casa abandonada. Noche (con el día al acecho). Yo, frente a frente con mi… Cuatro.


Exterior de un cuerpo que se mira hacia adentro. Día y Noche. Cinco.


Fade Out.


Sin créditos.


Se encienden las luces y se acaba la ilusión.


Fin.


La sala se queda sola.

20090604

Grotesque




La forma no requiere una forma, requiere un fondo. Negro, si es posible. Blanco es el fondo de la escritura, pero éste es sólo un acto de negación. La palabra es la desesperada negación del fondo oscuro en la que se inscribe. Por muy rápido que el destello de luz aparezca y desaparezca envuelto en ese fondo negro, mis ojos retienen para siempre esa imagen como un doloroso tatuaje de fuego en la piel. La maldición de la inscripción.


Fui invitado a un baile nocturno. Una noche de carnaval sin luna. Una noche a la que le habían robado el sonido. Nada, no música, no gritos, no gemidos, no risas, no voces, no, no, no. Un suave ruido sin sentido en el fondo. El ruido de los disfraces, de la tela, de las máquinas de costura, de la entrada de aire a los pulmones. No el JA de la risa sino el Hhh de quien toma aire para reír. Pero la risa nunca suena. Puro cuerpo, pura fisiología, puro carnaval, pura maldición.


Alicia, el sombrerero loco y el gusano del hongo me han invitado a una fiesta. Una cena de té y opio. Yo decidí ir disfrazado para no exhibir mis inexplicables marcas sin origen. Ellos habrían preguntado y yo, como siempre, habría quedado mudo. Hemos reído y fumado hasta volvernos espejos y nos hemos ocultado con horror en el reflejo de nosotros mismos. Nadie, nada. Somos ruido blanco.


La risa histérica lo oculta todo. Campana de campanario de iglesia que ha empezado a sonar articulada por las manos callosas del jorobado. Fuerte, ensordecedora, desesperante, estridente. La campana ha empezado a sonar poco antes del olvido del tiempo. Suena, suena, suena, es el mismo golpe que se repite una y otra vez. Realmente no se repite, como no hay tiempo el golpe quedó allí sonando. Suena sin tiempo, nada pasa, nadie. Suena, suena hasta que no se oye más. Aunque sigue sonando. Pero ahora en silencio. El falso silencio del ruido que deja de ser ruido porque no hay noruido, desruido, antiruido, derruido.


¿Quién nos escribe? ¿Quién nos pinta? Nada. Nadie. Destellos sobre fondo negro. Gárgolas de piedra que parece piel, plumas, escamas. Pero es piedra. Pero ya no la vemos más. Más. Junto al campanario la gárgola, dentro del campanario el jorobado, sobre la mesa en la que tomamos el té nosotros, entre el gusano y el sombrerero de risa histérica Alicia. Un día después del carnaval sin habla. El carnaval un día después de la inscripción, el tatuaje, el fondo negro, la maldición y la palabra que niega el origen de mis marcas, las mismas que me obligan a usar disfraz. El disfraz de la palabra. El fondo soy yo y yo soy puro ruido y ahí comienza este revelado que no es más que volver positivo un negativo. Negro en blanco y la palabra blanca en palabra negra. El origen de las formas de este encuentro.


Alicia regresa a través de mí porque soy su espejo.

20090524

Re-Mix




Muerto, inanimado, paralizado y ausente, invento que escribir es un acto impuro y contaminado. Como lo es vivir y creer que pensamos.


Muerto, inanimado, paralizado y ausente, invento alucinaciones de vallas publicitarias y construyo la imagen de una pantalla que refleja cuerpos excitados, perturbados y sonrientes.


Resucitado, desanimado, estremecido y presente, armo un silencio imposible, silencio hueco y vaciado en bronce. Hecho efigie, soy medida para las manos de los transeúntes.


Resucitado, desanimado estremecido y presente, desmonto y remonto la cuesta de mi propio silencio. Hecho a martillazos, soy la voz ajena que se pronuncia en mi cuerpo.


Contaminado, impuro, mezclado y remezclado, soy recipiente de voces oscuras que crean la ilusión de poseer la égida de un nombre propio.


Contaminado, impuro, mezclado y remezclado, escribo que soy varias veces un nosotros que se adelgaza en el ejercicio de la palabra hasta creerse un yo.


Y me invento las palabras que me nombran por el puro gusto de nombrarme como lo que nunca he sido. Soy un plural contaminado, reparado, maquillado, abierto y vuelto a cerrar; estetizado, maquinado, sonriente y desvaneciente; traslúcido, falsamente poético, atormentado y a la vez adormecido. Soy estatua de plaza y refrán de cocinera, balbuceo de borracho, insulto de cabaretera y silencio de suicida.


Soy un Re-mix de saliva y sangre, de horas y minutos, de sensaciones irreales y acontecimientos absurdos. Soy tantas veces yo que me asusta verme al espejo y descubrir que nada pasa, que mi rostro no cambia, que soy el mismo: inanimado, paralizado, ausente, contaminado, impuro, remezclado.


Ilustración: H.R. Giger

20090422

POPsicle




Eso no soy yo. No soy más que una franela de The Clash, unos jeans gastados, una par de Converse, una película de Tarantino y un afiche de I Shot Andy Warhol en la pared. No soy una persona, soy un estado de cosas en un tiempo determinado, una conjunción de olvido y dolor.


Mi cuarto es mi santuario, la cama es mi pedestal y la luz de la tele es mi pensamiento. En mi mano izquierda un lápiz casi sin punta reposa sobre las hojas sucias de mi cuaderno y en la derecha sostengo el control remoto que enciende y apaga mis emociones. Y me encuentro allí luego de haberme buscado por los rincones. Me encuentro, por fin, una vez que he dejado de buscarme y he logrado olvidar qué era lo que estaba buscando. Me encuentro finalmente allí en la cama sin encontrarme completamente. Olvidado completamente de mí. Perdido en la risa que produce el capítulo de Los Simpsons en el que Homero decide engordar para poder trabajar desde su casa y sacudido por Wynona’s Big Brown Beaver.


De repente, el teléfono suena y una voz extraña, que nuca antes había escuchado, me saluda con familiaridad:


-¿Qué haces?
-Lo de siempre, putear con la tele.
-Tú, el de siempre ¿quién te abandonó ahora?
-Nadie, en todo caso, el cable que se cae. No puedo ver los canales de videos. Sin cable no funciono, no conecto.
-Llama al técnico.
-No hay técnico que arregle esto.
-Es verdad, eres tú, el de siempre. ¿Ya pagaste tus cuentas?
-Ya no pago cuentas ni saldo deudas.
-Entonces… ¿te cortaron el teléfono?
-Sí.
-¿Y con quién se supone que hablas?


Solté el teléfono. No lo colgué, lo solté. La voz siguió hablando pero yo no le respondí. El dolor va y viene. Lo pienso un poco mejor y escribo: “El dolor nunca se va, sólo que a veces mi cerebro lo aísla, lo distrae y lo envuelve en silencio mientras río de un chiste contado con mala intención.”


-Estás repetido.
-Soy una máquina de reciclar. Es una actitud ecológica, supongo. Ecología y economía del cerebro, reciclo ideas, palabras.


Estoy bien, desconectado pero bien. Por fin caen los canales de video. Nirvana Unplugged: la mejor combinación de palabras que ha dado la industria de la música. Escribo: “una ironía que el unplugged de Nirvana sólo se pueda ver por cable.”


Estar bien es estar ausente. Estar bien es un estado de suspenso, un vacío. Es vivir en una sala de espera. Escribo: “Estar bien”, y pienso: lo verdaderamente importante cuando esas dos palabras se escriben juntas es el “estar” porque lo segundo es siempre circunstancial.


Me detengo en un canal a ver los comerciales. Chrysler, LG ideas for life y un helado. Popsicle. Finalmente algo que me hace saltar de la cama. Eso soy yo, un helado. Y escribo: “Estar bien es derretirse sin darse cuenta de que te derrites.” Pero la emoción pasa demasiado rápido, todo se olvida y me vuelvo a acostar. Borro lo último que escribí porque me parece una sincera estupidez y retomo los pensamientos de mi mano derecha: el canal de videos, videos para el recuerdo, 24 hours to go I wanna be sedated…

20090410

Gore




Si pudieran escuchar este sonido. La piel que se abre, la navaja astillando el hueso y rozando los bordes del corazón. La sangre gimiendo, viviendo el éxtasis de librarse de un cuerpo. La sangre ya no es empujada por absurdos canales y por el destino que le impone el corazón, se deja liberar entre las fibras de la ropa y la lisura del piso de mármol. Mármol rojo.


No me importa que la navaja entre repetidamente en mi pecho, susurrándole al corazón. Me excita un poco que el filo lo pueda atravesar y que de él brote una sangre más espesa y roja que la que ya tiñe toda la habitación.


Qué gentileza dejar al corazón intacto. Se mantienen los latidos que rompen el silencio entre cada cuchillada. El corazón también es gentil dejándome algo de vida y tiempo para pensar en el silencio que se apodera del ruido. Hoy parece un día normal, sólo que mis pensamientos se empiezan a fugar. Estoy en proceso de apagado. Vuelvo a concentrarme porque esto no es fácil. Mantente firme, no digas nada en voz alta, sólo piénsalo, igual no hay nadie cerca. Y sin temor, pensando siempre en el primer segundo después de que todo haya terminado, vacíate de nuevo porque no te hace falta más nada. Mira por la ventana, el sol está alto en el cielo, toma una respiración, llena lo que te queda de pulmones, aunque sea sangre lo que brote de ellos. Y como está señalado al principio de todo esto, pasa la página. La tercera persona indica que ya no soy yo quien habla.


El tiempo es algo ficticio, artificial. Es una herramienta de la conciencia. Cuando el cuerpo se está apagando, el tiempo es otro. Cabe el universo en una fracción de segundo. En un instante queda fija la eternidad. Así como todo instante, que es siempre presente y siempre pasado ¿no será posible que todos, de una vez, estemos ya muertos? No me hagan caso, ya lo estoy viendo todo por el filtro de la sangre que empieza a cubrir mis ojos también. La gente dice que en la muerte se ve el pasado como en una película. Conmigo no es así, en mi muerte se proyecta todo el futuro, y es tan corto que prefiero callar.


Antes que mi corazón se detenga puedo ver mi pecho abierto y veo todo lo que hay en él. Qué dicha la de los ojos que pueden ver su propia muerte.